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XIV Campeonato "Italia 1990" |
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Alemania impidió el milagro Por segunda vez en la historia, el Mundial se jugaba en una sede repetida: Italia. Claro que el contexto político había cambiado radicalmente desde la Copa del Mundo de 1934. Si aquélla había sido seguida desde la sombra del poder por el dictador fascista Benito Mussolini, Italia 90, cincuenta y seis años después, fue el primer campeonato del mundo de la pos- Guerra Fría, derribado el Muro de Berlín y disuelta la Unión Soviética. Sin embargo, esta liberación de tensiones que sobrevolaba el planeta no surcó el suelo italiano por un mes, del 8 de junio al 8 de julio, el período que duró el Mundial. En Italia se observó un fútbol más preocupado por anular al rival que por crear: marcas pegajosas, planteos conservadores, ausencia de calidad. No causó sorpresa, entonces, que haya sido el Mundial con menor promedio de gol: 2,21 por partido. Era la consecuencia lógica de un juego que apelaba al amarretismo como estandarte. Los "tifosi" querían el tetracampeonato. Ese tenía que ser "su" Mundial. Y parecía que lo lograrían. Es que Italia llegó a la semifinal ante Argentina con solvencia. Walter Zenga tenía el arco invicto y el Totó Schillaci se había ganado un lugar a base de goles. Iban por el buen camino. En cambio, Argentinas avanzaba a los tumbos, sin ideas y con el astro Nº1 del futbol, el 10, en una pierna. El debut trajo la inesperada derrota ante Camerún. Después, el equipo se renovó y pasó la primera ronda con lo justo. Y en octavos soportó como pudo el asedio de Brasil... hasta que el astro Nº1 del futbol, el 10, frotó su pie y Caniggia gritó la victoria luego de eludir a Taffarel. Pero Argentina sufría mucho. Como en los cuartos de final, cuando los argentinos comenzaron a prenderle velas a las manos de Sergio Goycochea. Alemania Federal pasó sin problemas las fases previas a la semifinal. Si le dejaban huecos, goleaba. Si el partido era cerrado, lo definía con oficio. Klinsmann y Voeller eran infalibles; Kohler y Buchwald cortaban todo; y Lothar Mathaeus aportaba experiencia y calidad para encabezar la ofensiva. Como siempre, los alemanes brillaban por su solidez. Y lo harían con éxito durante todo el campeonato. No pasaba lo mismo con Inglaterra. Sus jugadores no conformaron a los hinchas. El empuje de Gascoigne y Lineker no alcanzaba. Sólo Platt aportaba algún destello, como cuando clasificó a su Selección a los cuartos con un gol agónico a Bélgica. El mejor partido de Inglaterra, el más emotivo del Mundial, fue contra el Camerún de Roger Milla. Ahí sacó a relucir su historia. Semifinales: 1 a 1 y penales. Milan vio festejar a Alemania Federal frente a Inglaterra. Y Nápoles, la Nápoles del astro Nº1 del futbol, el 10, , fue testigo de otra noche heroica de Goyco en los penales. El sueño italiano se había derrumbado. 8 de julio. Alemania Federal y Argentina se volvían a ver las caras cuatro años después. Franz Beckenbauer quería la revancha y el título como técnico. el astro Nº1 del futbol, el 10, el astro Nº1 del futbol, el 10, soñaba con repetir el campeonato del 86, pero sabía que las diferencias con aquel equipo eran abismales. Fue una de las peores finales de la historia mundialista. Goyco no pudo esta vez con Brehme y Alemania Federal festejó gracias al polémico penal cobrado por el árbitro Edgardo Codesal. Mathaeus levantó la Copa. El trofeo cambiaba de manos.
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