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XI Campeonato "Argentina 1978" |
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La selección entra en la historia La revisión del Mundial 78 para los argentinos se parece demasiado a esos placeres que dan culpa. En su momento, la mayor parte del país vivió una realidad "irreal" y se volcó inocentemente a las calles para celebrar el triunfo deportivo. El dolor – retroactivo- seguramente se acentúa por la falta de capacidad para haber entendido a tiempo cuál era el contexto de la Argentina de aquellos años. De cualquier forma, más allá del Mundial político, hubo uno futbolístico que fue ganado por el equipo que dirigía César Luis Menotti. Aquella selección tenía excelentes jugadores y, además, tuvo las dosis imprescindibles de suerte para terminar el torneo abrazando la Copa en medio de un estadio Monumental extasiado. Fue un campeón que mostró riqueza en la cancha. Fillol, Ardiles, Passarella, Olguín, Kempes, Houseman, Luque, Bertoni, Tarantini... todos. El del 78 era un plantel riquísimo, de los que pocas veces se pueden reunir. Tenía una idea futbolística, acompañada por una preparación física notable. Entonces, cuando hubo que llegar a la final y enfrentar a la temible selección holandesa que buscaba su revancha del 74, Argentina tuvo todo lo necesario para ganar. La calidad de aquel equipo argentino es, sin dudas, indiscutible. La primera ronda ya había marcado que los candidatos a llegar a la final serían los de siempre. Además de Holanda, que traía el título de subcampeón, el local, Italia, Brasil y Alemania. Las manos que tocarían el oro saldrían de alguna de esas selecciones. Argentina, después de ganarles a Hungría y a Francia, tropezó con Italia y tuvo que entregar la sede de Buenos Aires y viajar a Rosario para la segunda fase, Encima, aparecía Brasil en el camino. Y si bien los brasileños no eran cucos, tampoco eran el rival más aconsejable en la ruta hacia la final. En esa parte del torneo explotó el Matador Mario Kempes para empujar al equipo de Menotti hacia la victoria. Dos goles contra Polonia, otros dos contra Perú y los dos primeros del triunfo frente a Holanda lo catapultaron a la idolatría total. La final tuvo más emoción que calidad. Argentina se puso en ventaja, pero Holanda consiguió empatar a través de Nanninga y, cuando estaba a punto de terminarse el tiempo reglamentario, un zurdazo de Resenbrik pegó en uno de los palos del arco de Fillol. Todo un país se paralizó en ese instante. Y todo el país volvió a respirar de a poco hasta recuperar el aliento. El suplementario se acercó a la gloria. Kempes, primero, y Bertoni, cerraron la cuenta y desataron la fiesta. Holanda volvía a quedarse en ele umbral de la cumbre en el final de una generación de excelentes jugadores. Había pasado su momento. Argentina tardó 48 años en ganar su primera Copa del Mundo. El subcampeonato del 30 dejaba de ser el hito futbolístico argentino a nivel de selecciones. Los papelitos reclamados por Clemente desde la contratapa de Clarín cubrían las calles y las bocinas aturdían la noche del 25 de junio . Argentina ya estaba instalada en la galería de los campeones
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