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VI Campeonato " Suecia 1958" |
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Distribución de las plazasEn 1956, entre la quinta y la sexta edición de la Copa del Mundo de fútbol murió en París, a la edad de 83 años, el ex presidente de la FIFA bajo cuyo mandato había nacido la competición en 1928, el francés Jules Rimet. Quizá como un homenaje a su obra, el Campeonato de Suecia de 1958 iba a registrar el mayor número de países inscritos de toda la historia de la Copa hasta aquel momento. Un total de 53 federaciones formalizaron su aspiración a tomar parte en la fase previa, cifra evidentemente espectacular frente a los 13 países que colaboraron en la dissexshop de la primera Copa en Uruguay, en 1930. Entre estos 53 países se hallaban Argentina y la URSS. Los primeros estaban ausentes del torneo mundial desde 1934, mientras que los soviéticos efectuaban su primera intervención en la competición desde su entrada en la Federación Internacional, en vísperas del primer congreso de la FIFA de la posguerra, en 1946. Suecia, otro país neutral durante la segunda conflagración bélica mundial, había sido nombrada sede en el curso de las reuniones del organismo futbolístico previas al Mundial de 1954. A pesar de las quejas de los delegados sudamericanos, que deseaban se respetase la alternancia de un Mundial en Europa y otro en América, la FIFA entendió que Suecia , que se hallaba en un buen momento económico, estaba en situación de albergar el Campeonato que sirviera de despegue definitivo a la Copa del Mundo. Efectivamente, los suecos pusieron al servicio del fútbol doce estupendos estadios situados en Estocolmo y otras once ciudades cercanas a la capital. Al margen de Suecia por su calidad de país organizador y de Alemania (RFA) como titular de la Copa, la FIFA distribuyó las restantes plazas de clasificación para la fase final de la siguiente manera: nueve para Europa, tres para Sudamérica, una para América Central y del Norte y una para Asia- Africa. Estos catorce finalistas debían surgir de varios grupos previos, formados por la Federación bajo el sistema de sorteo puro. Los distintos grupos clasificatorios quedaron establecidos así: nueve grupos para Europa, tres para Sudamérica, dos para Centro- Norteamérica y cuatro para Asia- Africa. Por vez primera desde la entrada de las federaciones británicas en la fase previa, sus cuatro selecciones no estaban incluidas en el mismo grupo de clasificación. En este hecho tuvo una importancia decisiva la presencia al frente de la FIFA de un inglés, Arthur Drewry, elegido presidente en el congreso de Lisboa de 1956. Una fase previa competidaLos distintos encuentros eliminatorios de la sexta Copa del Mundo dieron lugar a una serie de partidos arduamente disputados, algunos de los cuales ofrecieron sorpresas de envergadura. Así, en América del Sur, la selección bicampeona mundial, Uruguay, cayó eliminada por Paraguay. En Europa, Bélgica, Bulgaria, Holanda, Suiza y, sorprendentemente, España e Italia, no lograron sobrepasar las eliminatorias previas y quedaron apeadas de la fase final. Tanto España como Italia dominaban en aquel momento las competiciones continentales de clubs, aunque es cierto que en aquellas escuadras jugaban algunos de los mejores futbolistas internacionales. En el grupo I, Inglaterra alcanzó su clasificación con gran brillantez, sin perder un solo partido, cediendo un empate ante Eire en Dublín. Sin embargo, poco después de haber alcanzado su clasificación para la fase final, Inglaterra perdió a la base de su equipo en un accidente en el aeropuerto de Munich, cuando el avión en el que viajaban los componentes del equipo del Manchester United se estrelló, pereciendo 33 de sus ocupantes. Entre ellos ocho internacionales ingleses, como el defensa Byrne, el delantero centro Tommy Taylor y el formidable medio ofensivo Duncan Edwards, el jugador en el que los aficionados ingleses confiaban para obtener la sexta Copa del Mundo. En el grupo II, Francia se clasificó, al igual que Inglaterra, sin perder un solo partido y empatando un encuentro en Bruselas, ante Bélgica. En el grupo III Hungría alcanzó pasar a la siguiente fase un tanto apuradamente, tras perder ante la débil Noruega en Oslo por 2-1. En el equipo húngaro ya no estaban los Puskas, Czibor o Kocsis y, a pesar de que Hidegkuti había regresado a su país tras permanecer una temporada en el fútbol alemán, no acertaba a dirigir a un equipo de jóvenes inexpertos. En el grupo IV se iba a gestar el retorno triunfal de Checoslovaquia, finalista en el Mundial de Italia en 1934. Los checos, con un equipo joven que compaginaba a la perfección la fuerza física con la calidad individual, apearon en este grupo a País de Gales y a una recién llegada a la competición: la República Democrática Alemana (RDA). El nuevo equipo checo había sorprendido a los especialistas internacionales en vísperas de la dissexshop de la fase preliminar, al ganar a Hungría en Budapest con un equipo de desconocidos llamados Novak, Masopust, Pospichal... En el grupo V, un rejuvenecido equipo austríaco logró su acceso a la fase final de Suecia, a pesar de que Holanda le puso algo difíciles las cosas con un apretado 3-2 en Viena y un empate a un gol, en el último momento, en Rotterdam. Del equipo que logró la tercera posición en Suiza en 1954 tres años antes, sólo quedaban Happel, Hanappi y el portero Schmied, mientras que las nuevas incorporaciones carecían de la técnica de sus antecesores. En el grupo VI se clasificó la URSS gracias a su mejor gol- average particular respecto a Polonia (2-1 en Varsovia y 2-0 en Moscú), a pesar de que los soviéticos partían como grandes favoritos después de ganar el torneo olímpico de Melbourne en 1956. Entre los jugadores soviéticos destacaban su meta Lev Yachine, el medio ofensivo y capitán del equipo, Igor Netto, y los atacantes Salnilov e Ivanov. En el grupo VII, Yugoslavia logró su clasificación sin perder ningún partido frente a griegos y rumanos. La base del equipo yugoslavo seguía siendo la misma que en el Mundial anterior aunque con las incorporaciones de nuevos elementos como Sekularac y Veselinovic. Italia protagoniza la primera gran sorpresaEn el grupo VIII saltó la primera gran sorpresa de los grupos eliminatorios europeos, al perder Italia la plaza que los comentaristas le otorgaban a priori, dada su condición de "grande" del fútbol mundial. Irlanda del Norte, el pequeño Ulster, con sólo media docena de equipos y escasos jugadores profesionales, la mayoría de los cuales jugaban en clubs ingleses, logró la proeza, de la mano del seleccionador Peter Doherty, de eliminar a la bicampeona mundial de 1934 y 1938. La gran figura del equipo irlandés era su portero Harry Gregg, guardameta del Manchester United que había sobrevivido a la catástrofe de Munich. En el grupo IX, otro equipo británico, Escocia, logró su pase a la fase final en detrimento de España y Suiza. En este grupo saltó la segunda gran sorpresa: la eliminación española. La derrota de EspañaEl grupo IX, en el que estaban incluidas Suiza, Escocia y España, resultó el más competido de la fase previa en el continente europeo. Las tres selecciones poseían un potencial futbolístico muy estimable, aunque la española, con los mejores futbolistas europeos del momento (Di Stéfano, Luis Suárez, Kubala y Gento) era la indiscutible favorita para lograr supase a la fase final. El partido España- Suiza, primero del grupo, jugado en Madrid la fría tarde del 10 de enero de 1957, fue, sin embargo, uno de los encuentros más desgraciados de toda la historia de la selección española. Los puntos eran vitales para poder acceder a la fase final de Suecia- 58. España dominó mucho, debió ganar, pero empató. El seleccionador Manolo Meana hizo debutar al paraguayo, nacionalizado español, Heriberto Herrera, así como al lateral bilbaíno Nicanor Trapero, "Canito". Luis Suárez marcó los dos goles españoles y el helvético Hugui igualó, con otros dos tantos la contienda. El estadio Bernabeu registró un lleno histórico, con más de 100000 personas abarrotando unas gradas aún inacabadas. Tras este inesperado empate la selección de Meana se jugó la clasificación en el segundo encuentro de la fase preliminar, que enfrentó, en el mastodóntico estadio de Hampden Park en Glasgow, a Escocia y España. El equipo escocés poseía una de las selecciones más sólidas de toda su historia, con un meta excepcional como Younger, un defensa de gran clase y sentido ofensivo como Caldow y, sobre todo, tres atacantes de reconocida talla: Murray, Mudie y Leggat. España había preparado su partido ante a los escoceses enfrentándose a Bélgica en Bruselas, a la que derrotó por el escandaloso tanteo de 0-5 en una de las mejores tardes de fútbol que se han visto en el estadio Heyssel de la capital belga. El 8 de mayo de 1957 saltaron al césped del Hampden Park, que registraba una entrada de 151646 espectadores, los equipos de Escocia y España. A poco de iniciarse el partido, Mudie marcó para los escoceses, y pocodespués amplió la cuenta Hewie, al transformar un penalty con el que el señor Dusch, colegiado alemán, castigó una falta de Campanal a Bayerd dentro del área. Sin embargo, unos minutos antes del final del primer tiempo, Kubala redujo distancias, e instantes después de la reanudación Luis Suárez logró el empate. Poco después Miguel y Kubala tuvieron oportunidad de adelantar a España en el marcador, pero acabaría siendo Escocia la vencedora al conseguir Mudie otros dos goles en sendos contragolpes que cogieron desguarnecida la zaga del portero Antonio Ramallets. La victoria posterior de Escocia en Suiza (1-2) colocó a España en una difícil situación para acceder a la fase final, dependiendo ya todo del resultado de los suizos en su visita a Hampden Park, al margen de que España se impusiera a Escocia en Madrid por una diferencia de goles superior a la registrada en el encuentro de ida. Este segundo extremo se cumplió, ya que el encuentro España- Escocia, disputado en el Santiago Bernabeu el 25 de mayo de 1957, finalizó con un expresivo resultado de 4-1, que aún pudo ser mayor porque la delantera formada por Manolo Meana (Basora, Kubala, DiStéfano, Mateos y Gento) tuvo una tarde inspiradísima y mereció aumentar la diferencia de goles. Mateos y Kubala marcaron en el primer tiempo, mientras que Basora, que se despidió en este encuentro de la selección, marcó otros dos tantos en la parte final. Apoco del final Escocia obtuvo el gol del honor a través de Smith. Sin embargo, Escocia logró su pase a la fase final al imponerse a Suiza en Glasgow por 3-2, a pesar de que el equipo helvético llegó a tener ventaja en el marcador por 1-2. En el último encuentro del grupo IX, España ganó a Suiza en el estadio de la Pontoise de Lausana por el tanteo de 1-4, con goles de Di Stéfano (2) y Kubala (2). La prensa helvética comparó la exhibición de la selección española en este partido con el juego de Hungría en el Mundial- 54. España e Italia, dos grandes potencias futbolísticas, fueron eliminadas pues, por dos representantes del fútbol británico (Ulster y Escocia). La eliminación de un bicampeónEn Sudamérica saltó la gran sorpresa en el grupo III, en el que estaban incluidos Uruguay, Colombia y Paraguay. La escuadra celeste, campeona en 1930 y 1950, inició con mal pie la fase previa, consiguiendo solamente empatar a un gol ante Colombia en Bogotá, cuando dos semanas después Paraguay lograba ganar a los colombianos en este mismo escenario por 2-3. El descalabro uruguayo llegó en la confrontación contra los paraguayos en Asunción, resuelta a favor de los jugadores guaraníes por el escandaloso tanteo de 5-0, un resultado que, por su importancia, dio la vuelta al mundo a través de las agencias informativas. A pesar de que Uruguay ganó en Montevideo a Paraguay por 2-0, la clasificación fue para los seleccionados paraguayos, que no se dejaron sorprender por Colombia en su propio terreno, ganando por 3-0. El resultado de 5-0 en el match entre Paraguay y Uruguay puso en la órbita futbolística internacional a una delantera integrada por Agüero, José Parodi, Romero, Cayetano Ré y Amarilla. El conductor del juego era Parodi junto a los dos medios, Achúcarro y Villalba, ambos con un gran sentido ofensivo. Paraguay practicaba un 4-2-4 real que confería a su juego una gran capacidad de ataque. Uruguay, en período de transformación tras la retirada efectiva de sus grandes estrellas en los últimos mundiales de Brasil y Suiza, fue víctima de un tipo de juego ofensivo que practicado por unos jugadores de mayor talla técnica que los paraguayos –los brasileños- se impondría en la fase final de la VI Copa del Mundo. De hecho, al entender de todos los especialistas, Paraguay era la "pequeña Brasil". En el grupo I los brasileños lograron su clasificación frente a Perú en una simple eliminatoria de copa a dos partidos, ya que el tercer integrante del grupo, Venezuela, abandonó en el último momento. Brasil tuvo que emplearse a fondo con Perú (1-1 en Lima y un exiguo 1-0 en Río de Janeiro). En el grupo II, Argentina, en su retorno a la Copa del Mundo, logró su clasificación a costa de Bolivia y Chile. El seleccionado preparado por el ex jugador Guillermo Stabile ganó todos sus encuentros, excepto el disputado en La Paz ante Bolivia, que perdió por 2-0, acusando sensiblemente sus jugadores la altitud de 3800 metros de la capital boliviana. Los dos puntos de apoyo del seleccionado argentino estaban en el defensa Néstor Rossi con 33 años y en el atacante Labruna con 40 años. La plaza reservada para América Central y del Norte fue una vez más para México, vencedora inicial del grupo II, ante Canadá y Estados Unidos, sin perder ningún encuentro. México se impuso en la confrontación decisiva a la selección vencedora del grupo I, Costa Rica, que tampoco cedió ni un punto ante las Antillas Holandesas y Guatemala. La doble confrontación entre México y Costa Rica se cerró con el resultado global de 2-0 favorable a México tras un empate a cero goles en San José. El caso IsraelLa decimocuarta plaza de clasificación de la VI C opa del Mundo debía salir de una fase preliminar de cuatro grupos de los continentes africano y asiático. En el grupo I Indonesia, que había logrado una cuarta posición en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 tras empatar a cero con la campeona olímpica, URSS, consiguió acceder a la ronda final de de la fase previa superando a China. En el grupo II, Israel pasó a la siguiente eliminatoria sin jugar ningún partido por abandono de Turquía, al igual que Egipto en el grupo III, también por abandono de Chipre. En el grupo IV Sudán superó a Siria. Sin embargo, la ronda final de los vencedores de grupo no se disputó, porque tanto Indonesia como Egipto y Sudán renunciaron a jugar frente a Israel por motivos de carácter político, con lo cual la selección israelí quedó clasificada sin haber disputado un solo minuto de juego. La FIFA, apoyándose en un punto del reglamento de la Copa del Mundo que señala que ningún país podrá jugar la fase final sin haber jugado al menos un partido, decidió entonces enfrentar a Israel contra uno de los segundos clasificados en los nueve grupos europeos. País de Gales se vio beneficiada con esta nueva oportunidad gracias a un sorteo, y tras ganar por 2-0 en Tel Aviv y en Wrexham alcanzó su pase a la fase final de Suecia, con lo cual se completó la presencia de las cuatro asociaciones británicas, por vez primera, en una final de la Copa del Mundo. La fórmula finalLa fórmula de juego de la fase final escogida por la FIFA fue menos polémica que en Suiza- 54. En el Campeonato Mundial de Suecia, los octavos de final debían ser disputados bajo el sistema de campeonato de liga, con cuatro rondas de otros tantos equipos cada un, que, esta vez, se enfrentaban todos entre sí. En caso de empate a la cabeza de cada grupo se hacía necesaria la celebración de un encuentro de desempate entre los afectados. En febrero de 1958 se celebró el sorteo de confección de grupos, una vez hubo establecido la FIFA un sistema de cabezas de serie por familias, entre las que se contaban la Sudamericana (Argentina, Brasil, Paraguay, México); la británica (Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y País de Gales); la europea del Este (URSS, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia) y la europea occidental (Austria, Alemania, Francia y Suecia). El sorteo dio como el resultado el siguiente emparejamiento: Grupo I: Alemania, Checoslovaquia, Irlanda del Norte, Argentina Grupo II: Francia, Yugoslavia, Paraguay, Escocia. Grupo III: Suecia, Hungría, Gales, México. Grupo IV: Austria, URSS, Brasil, Inglaterra. Al margen de la fórmula valedera para los octavos de final, la FIFA acordó que los ocho clasificados para los cuartos de final, y los cuatro para las semifinales, no se definirían por sorteo, sino que se establecería un sistema de tablero en el que de antemano se conocerían los rivales de los cuartofinalistas. Así, el vencedor del partido de cuartos de final en la ciudad de Norkoeping se enfrentaría al de Goteborg, y el de Malmoe al de Estocolmo. Estas cuatro ciudades eran las sedes de la parte final de la competición. Los octavos de finalAlemania no es la mismaPara el campeón, Alemania (RFA), el torneo se abrió de un modo esperanzador en la ciudad de Malmoe el 8 de junio de 1958. Frente a un equipo argentino deficientemente preparado, en el que se hallaban mal combinadas la veteranía y la juventud, los alemanes arrollaron y con dos goles de Helmuth Rahn y otro de Schmidt, ambos goleadores en el Mundial anterior, superaron a su contrario, que logró el tanto del honor a través de Corbatta. A pesar de que el primer tiempo finalizó con el exiguo resultado de 2-1, los argentinos no inquietaron nunca a los campeones. Sin embargo, a pesar de este debut triunfal y de su posterior pase a la ronda de cuartos de final, Alemania (RFA) se mostró como un equipo muy distinto al que cuatro años atrás sorprendiera al mundo con su juego basado en el poderío físico. Efectivamente, los alemanes sólo pudieron conseguir sendos empates en sus dos restantes encuentros de clasificación, ante Checoslovaquia (2-2) e Irlanda del Norte (2-2). El segundo clasificado de este grupo fue Irlanda del Norte, tras un encuentro de desempate frente a los checos, disputado en Malmoe, y que finalizó 2-1 después de que al tiempo reglamentario se hubiese llegado con empate a un gol, que hizo necesaria la prórroga. Irlanda del Norte fue la única selección que perdió con Argentina (3-1), en el único encuentro en el que los representantes latinoamericanos lograron demostrar las virtudes de su fútbol, gracias a la dirección ofensiva del veterano Labruna y a la efectividad del goleador Corbatta, que marcó cuatro de los cinco goles argentinos en sus tres encuentros de octavos de final. En el partido de despedida, Argentina fue duramente castigada por Checoslovaquia por el tanteo de 6-1. La Francia de Kopa y FontaineEn el grupo II, Francia y Yugoslavia se clasificaron para la ronda siguiente, tras superar a un difícil rival: Paraguay, un equipo muy bien conjuntado y maestro en el fútbol ofensivo. Los franceses, con una gran selección, en la que se destacaban sus atacantes Raymond Kopa y Just Fontaine, ganó a Paraguay, en su debut, por el tanteo de 7-3, a pesar de que al primer tiempo se llegó con empate a dos goles y con mejor juego paraguayo. Marcaron, por Francia, Fontaine (3), Piantoni, Wisnieski, Kopa y Vincent, mientras que por Paraguay lo hicieron Amarilla(2) y Romero. El equipo paraguayo, que perdió su clasificación en el último encuentro de octavos de final ante Yugoslavia por el mínimo tanteo de 3-2 (2-1 en el primer tiempo), logró una gran victoria ante Escocia por 3-2. Anteriormente los escoceses habían empatado a un gol con Yugoslavia, que, precisamente, derrotó a Francia por 3-2. Los franceses, por su parte, sólo pudieron deshacerse de los escoceses por otro apretado 2-1. Según los especialistas este fue el mejor grupo de los octavos de final del Mundial de Suecia y para los enviados especiales del diario deportivo L’Equipe, cualquiera de los cuatro equipos ha merecido estar en los cuartos de final. Paraguay fue una agradable sorpresa, y de la calidad de su juego habla el hecho de que antes de regresar a Asunción ocho de sus jugadores ya habían sido contratados por clubs españoles y franceses. Hungría: una sombraEn el grupo III accedieron a la ronda de cuartos de final los anfitriones del torneo, los suecos, y Gales, que de forma absolutamente sorprendente eliminó en un encuentro de desempate disputado en Estocolmo a los subcampeones del mundo, los húngaros. El equipo sueco fue muy superior en este grupo a sus rivales y sólo cedió un punto (0-0) frente a Gales, que consiguió igualar sus tres confrontaciones de grupo. Hungría, por su parte, obtuvo una clara victoria frente a México por 4-0, al margen del consabido empate ante los representantes de la asociación británica, que obligó, posteriormente, al desempate entre ambos. México, por su parte, se despidió de Suecia- 58 con un empate frente a los cuartofinalistas galeses. En el equipo mexicano destacó a lo largo de la competición el meta Carbajal, que disputaba su tercer Mundial. Escalada brasileñaEn el grupo IV, considerado inicialmente como el más fuerte de la primera fase de la VI Copa del Mundo, Brasil no tuvo excesivos problemas para pasar a la siguiente ronda eliminatoria, a pesar de que sus rivales fuesen Inglaterra, URSS (campeona olímpica) y Austria, un finalista habitual en las últimas Copas del Mundo. Ante estas selecciones los brasileños sólo cedieron un empate a cero goles, precisamente frente a Inglaterra. Brasil inició en este primera parte del torneo la escalada hacia su primer título mundial, demostrando desde el primer partido toda su enorme fuerza, en base a un juego ofensivo de pizarra y a la congelación de balón merced a la técnica de todos sus jugadores. Brasil debutó en el torneo enfrentándose a Austria en la pequeña localidad de Uddevalla. Dos goles del centro delantero Altafini, y uno del veterano zaguero Nilton Santos, sentenciaron un contundente 3-0 para el once sudamericano, que tampoco tuvo que esforzarse demasiado ante un equipo austríaco excesivamente viejo en la edad de sus jugadores y en la concepción futbolística. Los Ernst Happel, Hanappi y otros que llevaron a Austria a la fase final del Mundial- 54 eran, cuatro años después, unos buenos practicantes del fútbol horizzontal, de espaldas al marco contrario, pero nada más. El equipo austríaco, por otro lado, adolecía de deficiente preparación física. El debut soviético en la CopaEl 10 de junio de 1958 efectuó su debut en Copa del Mundo la selección de la URSS, enfrentándose a Inglaterra en la localidad de Goeteborg. Los soviéticos comenzaron perdiendo como consecuencia de un gran gol de Kevan, pero antes de la hora de juego habían remontado el marcador adverso y dominaban por 2-1 con goles de Simonian y A. Ivanov. A falta de unos minutos para el final empató Finney, de penalty. En el tercer encuentro del grupo IV, disputado también en Goeteborg, Inglaterra alcanzó un segundo empate frente a la selección de Brasil. A lo largo de toda la competición los ingleses serían los únicos en frenar una victoria brasileña. Y en este encuentro lo consiguieron en base a un severo dispositivo defensivo, organizado por el entrenador del Tottenham Hotspur, Billy Nicholson, y por el manager, Walter Winterbottom. Según explicó uno de los enviados especiales del diario deportivo L’Equipe, Gabriel Hanot, los brasileños han sido unas víctimas de los maestros de la carga física. Brasil, sin embargo, no se dejó sorprender más por el marcaje al hombre del adversario y ante la URSS, que se vació físicamente, ganó por 2-0 con dos goles de Vavá. Brasil ya estaba otra vez, tras este triunfo, en la fase decisiva de una Copa del Mundo. Inglaterra parecía que iba a ser la segunda clasificada, tras sus dos empates ante soviéticos y brasileños, que sumados a una más que probable victoria sobre la endeble Austria, colocaban a una de las selecciones favoritas en la recta final del torneo. Sin embargo, de forma incomprensible, Inglaterra solo podría alcanzar, frente a Austria, un empate a dos goles, y aun como mal menor, ya que fue perdiendo el encuentro por 0-1 y por 1-2. Este sorprendente resultado entre austríacos e ingleses obligó a estos últimos a disputar un encuentro de desempate con la URSS. El encuentro, jugado en Goeteborg, significó la eliminación de Inglaterra, ya que la Unión Soviética se impuso con un solitario gol de Ilyin. El error del tándem seleccionador del equipo británico estuvo, sin duda, en la no alineación de su hombre fuerte en el centro del terreno, el jugador del Manchester United, Bobby Charlton, superviviente de la catástrofe aérea de Munich. Aún así, Inglaterra careció de suerte en este encuentro, y su delantero Peter Brabrook jamás podrá olvidar que, él solo, estrelló tres tiros en los postes del marco defendido por la gran figura del encuentro, Lev Yachine. Los cuartos de final El jueves 19 de junio se iniciaron en Estocolmo las eliminatorias de cuartos de final, con el encuentro Suecia- URSS. Sucesivamente se disputarían los Francia- Irlanda del Norte en Norrkoeping, Brasil- Gales en Goeteborg y Alemania (RFA)- Yugoslavia en Malmoe. En el Rasunda Stadion de Estocolmo la selección soviética no pudo superar a la sueca, a pesar de jugar al máximo de sus posibilidades. Los jugadores de la URSS estaban cansados tras su match de desempate frente a Inglaterra, y para Suecia no resultó excesivamente complicado superarles en el aspecto táctico y físico a medida que fue transcurriendo el partido. El público sueco, incondicionalmente volcado a favor de su selección, festejó por todo lo alto los goles de Kurt Hamrin y Agne Simonsson que situaban a los anfitriones a un paso de la finalísima. Una vez más, en este partido, el juego de Suecia giró en torno a sus dos veteranos, Nils Liedholm con 36 años y Gunnar Gren con 37. La URSS se despidió así, sin gloria, aunque con honra, de su primera Copa del Mundo. Los dos representantes británicos en cuartos de final, Gales e Irlanda del Norte, cayeron de modo desigual frente a Brasil y Francia, respectivamente. En Norrkoeping los franceses avasallaron a sus rivales por 4-0, con dos goles más del extraordinario Just Fontaine que se encaminaba, aceleradamente, hacia un registro goleador con todas las trazas de récord vitalicio. En descargo de la abultada derrota de los representantes del Ulster estaba el hecho de haber disputado, tres días antes, el partido de desempate de su grupo ante Checoslovaquia, encuentro que necesitó de prórroga y que por tanto se prolongó por el espacio de 120 minutos, al término de los cuales los irlandeses tuvieron que hacer 600 kilómetros en autocar para llegar a Norrkoeping para disputar los cuartos de final. Gales, por su parte, fue el más difícil rival que encontraron los brasileños en su camino hacia su primer título mundial. A pesar de que los galeses habían accedido a la fase final de Suecia un tanto de rebote, gracias al caso Israel, una vez en la competición decisiva demostraron poseer una fuerza envidiable y un notable sentido creativo, en el que descollaba la gran inteligencia futbolística de John Charles, considerados por los técnicos como el mejor jugador galés de todos los tiempos. Sin embargo, en la confrontación entre brasileños y galeses no pudo jugar el gran Charles, por estar lesionado, siendo sustituido por su hermano Mel Charles, que curiosamente fue, junto a Pelé, el mejor jugador de un gran encuentro de fútbol. Brasil sólo pudo ganar a los representantes de Gales con un solitario gol de Pelé (su primer tanto en Suecia- 58). Edson Arantes do Nascimento escribiría unos años más tarde, ya retirado de la práctica activa, que el gol más importante de mi vida fue el que marqué a Gales en el Mundial de Suecia. Junto a Suecia, Francia y Brasil, Alemania (RFA) fue la cuarta semifinalista, tras deshacerse de Yugoslavia en Malmoe con un solitario gol de Helmuth Rahn, uno de los grandes protagonistas de la final de Berna- 54 ante Hungría. En este encuentro los alemanes gozaron del favor del público de Malmoe y del árbitro suizo Wyssling, que escamoteó un claro penalty a los yugoslavos cuando a falta de 9 minutos para el final Erhardt zancadilleó claramente a Milutinovic dentro del área. Los yugoslavos sintieron la ausencia de su joven exterior en punta Sekularak, que estaba lesionado. Al término del encuentro el seleccionador balcánico, Alex Tirnanic, uno de los seleccionados yugoslavos en el primer mundial de Uruguay en 1930 declaró con una sinceridad nada habitual en el mundo del fútbol que nosotros sólo hubiéramos podido empatar si el árbitro nos hubiese concedido un penalty que era justo. Sin el penalty no podíamos marcar. Tirnanic resumía así el gran defecto de un fútbol, el yugoslavo, mezcla de carácter latino y centroeuropeo, preciso en el dribling y duro desde el punto de vista físico, pero carente de remate. Las semifinales El 24 de junio se disputaron los dos encuentros de semifinales. En Goeteborg, los anfitriones se enfrentaron al hasta entonces campeón, Alemania (RFA), mientras que en Estocolmo medían sus fuerzas Brasil y Francia. Los alemanes fueron eliminados injustamente, en un partido en el que el colegiado húngaro, Szolt, pareció que se vengaba de la derrota sufrida por sus compatriotas cuatro años antes. Szolt sancionó con extrema severidad a los jugadores germanos, permitiendo el juego duro de los suecos. Con empate a uno en el marcador expulsó injustamente a Joskowiak, después de que éste recibiera una agresión del sueco Hamrin, que se pasó todo el partido provocando a sus marcadores. Dos minutos después de esta expulsión, Sigverd Parling agredió a Fritz Walter, delante del colegiado, y éste no sancionó al jugador sueco. Aún con diez hombres sobre el campo, los alemanes mantuvieron el empate hasta once minutos del final en que el gol de Gren les desmoralizó definitivamente. Unos minutos después Hamrin conseguía el 3-1, que situaba a los anfitriones en la final. En Estocolmo la temible ofensiva francesa no pudo brillar ante los brasileños, que jugaron su mejor encuentro del torneo y demostraron que, en fútbol, un buen ataque es la mejor defensa. En este partido Brasil aplicó un 4-2-4 muy elástico, en vez del 4-3-3 usado en las confrontaciones previas. El encuentro se mantuvo más o menos igualado hasta el término del primer tiempo, que finalizó 2-1 a favor de Brasil, tras goles de Didí, Fontaine y Vavá. Francia tuvo la mala suerte de perder, durante el primer tiempo, a su marcador Jonquet, quien fortuitamente se fracturó el peroné y dejó a su equipo con diez hombres. Tres goles de Pelé en la segunda mitad sentenciaron el encuentro, aunque Piantoni redujo diferencias a poco del final. A Francia, sin embargo, le quedaría el consuelo de imponerse a Alemania (RFA) en Goeteborg, en el encuentro valedero para la tercera posición. Los franceses, que no pudieron contar con el lesionado Jonquet ni con Piantoni, urgentemente operado de apendicitis, jugaron un gran partido ante una Alemania que dio muchas facilidades. Triunfaron por 6-3 con cuatro goles de Just Fontaine. Los nuevos tantos fueron marcados en el segundo tiempo y el goleador Fontaine se proclamó máximo realizador de la fase final, con 13 goles. Brasil, campeón El 29 de junio se jugó la gran final en el Rasunda Stadion, encontrándose en el palco presidencial el rey Gustavo VI de Suecia, que debía entregar la Copa Jules Rimet al vencedor del torneo. El estadio estaba abarrotado por más de 55000 espectadores, dispuestos a aupar a Suecia hacia la conquista de su primer mundial. Pero Brasil no dejó ningún margen para que el público se identificará con su selección, y como una máquina perfecta fue decidiendo el encuentro en los momentos oportunos. Liedholm, a los cinco minutos de juego, abrió el marcador para Suecia, pero pronto dos tantos de Vavá pusieron a Brasil en ventaja. En el segundo tiempo, un gol de Pelé y otro de Zagalo sentenciaron el partido. Simonsson marcó a continuación el segundo tanto sueco, y poco después un nuevo gol de Pelé estableció el 5-2 definitivo. Brasil conseguía así su primera Copa Jules Rimet, que acabaría siendo de su propiedad doce años más tarde, en México- 70, tras ganar otros dos mundiales. El triunfo fue celebrado en las distintas ciudades brasileñas con un carnaval anticipado que se prolongó durante varios días, hasta que la selección fue recibida en Río de Janeiro por el presidente Juscelino Kubitschek. La técnica en Suecia- 58 El planteo de 4-2-4 que jugaron los brasileños en Suiza- 54, bajo la dirección de Aimoré Moreira, pasó a ser historia cuatro años más tarde. Brasil llegó a campeón sosteniendo la base con sus jugadores de alta técnica individual, pero aplicando criterios modernistas sobre su constitución y mecánica conjunta. Los brasileños, tras el éxito alemán en Suiza, comprendieron que la sola fórmula de la habilidad no era suficiente y procuraron encontrar un término medio entre el avance científico- atlético de las escuadras europeas y su capital natural de buenos jugadores. Lo más cercano a su personalidad era la dinámica que cuatro años antes habían mostrado los húngaros, y en ellos se inspiraron para crear el equipo campeón en Suecia. En 1958 Brasil presentó un 4-3-3 con un lateral libre en su ofensiva, mostrando con el resto de sus planteamientos los efectos de la influencia húngara. Zito, el volante derecho, era, por ejemplo, una copia perfecta de Boszik. L estrategia de Didí recordaba a la de Hidegkuti con sus pases al vacío. La variante empleada en Suecia establecía la línea de fondo con Djalma Santos, Bellini, Orlando, éste algo más adelantado, y Nilton Santos. En la zona de volantes, Zito y Didí recibían la compañía de Zagalo que, con el once en su espalda, ayudaba al centro del campo y creaba un vacío en su lateral que era cubierto por la movilidad constante de Pelé o por las subidas de Nilton Santos. Garrincha era el más aplicado en su función de extremo derecha, aunque también retrocedía para juntarse con Zito, Vavá era la punta de hábil regate, rápida zancada y sentido del desmarque que desconcertaba a las defensas contrarias. Pese a la común aseveración de que Brasil jugó siempre un 4-2-4, su disposición táctica demostró lo contrario y aquí estuvo la clave de su éxito. En Suecia, además, destacaron algunas individualidades que iban a marcar las décadas posteriores. Pelé, con sólo 17 años, demostró su indudable condición de genio del balompié, confirmando que la capacidad de un futbolista a nivel técnico no tiene límite y que es posible superar las cualidades de un Di Stéfano, por ejemplo, jugando en su misma parcela. Pelé fue la estrella de un gran equipo y de un gran Mundial, en el que también descolló la impresionante capacidad goleadora de Just Fontaine y la calidad de un extremo nato del fútbol moderno: Raymond Kopa. Algunos de los jugadores más destacados de este Mundial, como el propio Kopa, fueron transferidos a equipos de otra nacionalidad al término del campeonato. Los clubs españoles e italianos se pusieron a la cabeza de la importación de futbolistas, atrayendo a jugadores de la talla de Didí, John Charles, Kurt Hamrin, Vavá, Altafini Mazzola o Raymond Kopa. El joven Pelé, a los diecisiete años, ya formaba parte del patrimonio brasileño y, a pesar de las millonarias ofertas recibidas, permaneció en su club, el Santos brasileño.
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